
INFECCIONES
DE OÍDO_____________________________________________
Comúnmente empleamos la palabra otitis para designar
una inflamación de la parte media y externa del oído,
pero en realidad se refiere a la inflamación de cualquiera
de las tres partes en las que se divide el oído (externo,
medio, interno).
Sus causas más frecuentes son las infecciones que
suelen causar dolor y supuración del oído.
La otorrea es el flujo mucoso procedente del conducto auditivo
externo o del medio cuando se ha producido una perforación
de la membrana timpánica. No obstante, la otitis
puede producir otros síntomas como dolor o picor
de oídos, pérdida de audición, fiebre,
ruidos de oído, vértigo, etc...
Para prevenir estas infecciones, el conducto auditivo externo
está dotado de un mecanismo protector que es el cerumen.
Las maniobras agresivas sobre el conducto como el rascado
y la extracción del cerumen eliminan esta protección,
favoreciendo la infección bacteriana.
El uso de bastoncillos influye negativamente en el mecanismo
natural que tiene el oído para autolimpiarse, ya
que los restos de cerumen viajan desde el tímpano
hacia la oreja y con el uso de dichos bastoncillos lo que
se hace es empujar los restos de cerumen hacia la membrana
del tímpano, haciendo que éstos se agrupen
y formen un tapón que es más difícil
de eliminar de forma natural. Para prevenir las alteraciones
propias del oído es conveniente:
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No introducir objetos en el oído. En lugar de bastoncillos
es preferible emplear gasas estériles.
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Es muy beneficioso enseñar a los más pequeños
a sonarse la nariz con la boca abierta para evitar bloqueos
en la Trompa de Eustaquio.
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Si sufres molestias en los oídos puedes utilizar
aspirina, ibuprofeno o paracetamol que además pueden
ser útiles si hay fiebre; aunque lo más
recomendable es acudir al médico antes de tomar
cualquiera de estas cosas.
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Si necesitas tapones los más recomendables son
los de silicona o espuma que se adaptan al oído
y no se salen con facilidad.
La
otitis externa suele producirse con más frecuencia
en verano, pues se produce por la sudoración excesiva.
Suele asociarse a la práctica de deportes acuáticos,
por lo que se llama también “otitis de piscina”;
esto es debido a que el pH del conducto auditivo es ácido
y esto evita que las bacterias y los hongos puedan colonizarlo
e infectarlo, pero el baño en las piscinas puede
modificar ese pH al ser el agua de éstas alcalina.
Su tratamiento consiste en la aplicación de gotas
o cremas que contengan antibióticos o antiinflamatorios.
Para prevenir este tipo de otitis se pueden tomar una serie
de precauciones como son: Evitar la humedad en el oído
mediante la colocación de tapones específicos
para el baño o utilizando un gorro al ducharse.
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Secarse la parte externa del oído después
de bañarse o ducharse.
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Evitar la entrada de agua en el canal auditivo durante
tres semanas después de la desaparición
de los síntomas, con el fin de prevenir nuevamente
el problema.
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Aplicar gotas antisépticas si se tiene tendencia
a padecer otitis externa y se produce la entrada de agua.
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No
introducir palitos higiénicos para eliminar la
cera de los oídos.
La
otitis media agrupa los procesos inflamatorios de la mucosa
que recubre los espacios aéreos del oído, lo
que produce acumulación de líquido en el oído
medio y la aparición de síntomas clínicos
agudos. Los síntomas para describir esta infección
son entre otros: fiebre, dolor de oído u otalgia, irritabilidad,
diarrea, vómitos, pérdida de audición,
ruidos de oído; entre los síntomas menos frecuentes
pueden aparecer otorrea, inestabilidad, mareo o vértigo
y como síntomas más graves parálisis
facial o pérdida completa de la audición. Esta
otitis suele ser más frecuente en niños hasta
los siete años. Es frecuente que antes de alcanzar
los tres años la mayoría de los niños
hayan tenido por lo menos un episodio de infección
de oído y al llegar a los cinco años puede que
hayan sufrido hasta tres o más ataques.
Podemos clasificar la otitis en tres tipos: Aguda (hasta 3
meses), Crónica (más de 3 meses), Recurrente
(4 ó más episodios al año). Cuando no
es posible controlarla con un tratamiento es necesario recurrir
a la cirugía. La operación suele permitir detener
el avance del proceso crónico, evitando secuelas y
complicaciones graves, además, en muchos casos, se
consigue mejorar la capacidad auditiva.
Las timpanoplastias son operaciones diseñadas para
intentar reparar las secuelas de las otitis crónicas.
Pueden realizarse bajo anestesia local o general y abordando
el oído por detrás de la oreja o a través
del conducto auditivo. En ellas se reconstruyen los mecanismos
de la audición mediante la realización de injertos
para la reparación del tímpano o la colocación
de prótesis que sustituya a los huesecillos del oído
medio. El éxito del tratamiento quirúrgico depende
de lo avanzado de la otitis crónica antes de la operación,
de la capacidad del cuerpo para sanar, así como de
la habilidad del equipo quirúrgico.
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