Se habla de hemorragia cuando se produce una salida de sangre
fuera de los vasos sanguíneos, debido a una lesión
traumática. Las hemorragias pueden ser externas,
si vemos salir sangre, e internas, si no la vemos. Ante
una hemorragia externa debemos:
Acostar
a la persona afectada. Si es posible, la cabeza debe estar
más abajo que el tronco o las piernas, para aumentar
el flujo sanguíneo al cerebro. Si la herida se
encuentra en una extremidad, conviene elevar el sitio
de sangrado para disminuir el flujo sanguíneo.
Limpiar cuidadosamente la herida que sangra y aplicar
presión directamente en la herida con un paño
limpio.
Mantener presión hasta que pare el sangrado y cuando
éste pare, envolver la herida con un vendaje compresivo.
Si el sangrado no para con la presión directa se
puede intentar la compresión arterial directa en
el vaso que irriga la zona lesionada: en primer lugar
debe localizarse por palpación el pulso de la arteria
correspondiente y después ejercer una compresión
firme y constante con los dedos o con el puño.
Si el sangrado continúa o vuelve a aparecer es
necesario acudir a un centro médico inmediatamente.
Si la hemorragia se debe a amputación o trituración
de la extremidad se deberá colocar un torniquete.
Vigile el torniquete constantemente hasta que se llegue
al hospital.
Si la víctima está consciente se le puede
dar a beber líquidos.