A
todos, grandes y pequeños, se nos ha olvidado alguna
vez el nombre de una persona, dónde hemos dejado
algo, ir a algún sitio, hacer algo...
Estas y otras dificultades memorísticas pueden ser
fruto de estrés o del proceso involutivo natural
que sufre el cerebro a partir de la edad media de vida.
Se estima que el cerebro, una masa gelatinosa de más
o menos un kilo y medio y 00 billones de neuronas, tiene
capacidad para archivar el equivalente a una biblioteca
de 20 billones de volúmenes.
Existe un nutriente que puede ser útil para mejorar
la memoria y la atención.
Se trata de la fosfatidilserina, un fosfolípido que
se encuentra en algunos alimentos como las nueces o la soja,
componente de las membranas celulares del sistema nervioso.
Puede ayudar no sólo a los individuos sanos a mantener
la forma mental, sino que, además, apoya las funciones
cerebrales que tienden a declinar con la edad.
Participa en los procesos relacionados con la memoria: en
la conducción del impulso nervioso y en la acumulación,
almacenaje y liberación de sustancias neurotransmisoras.
Pero además de su acción sobre la memoria,
la fosfatidil serina tiene otras propiedades interesantes:
previene el envejecimiento neuronal, incrementa el metabolismo
de la glucosa cerebral, la concentración cerebral
y disminuye los afectos negativos del estrés.
También tiene una acción antidepresiva. Como
su ingesta a través de la dieta está muy limitada,
el organismo es capaz de sintetizarla pero sólo gracias
a una compleja serie de reacciones que conlleva un importante
gasto de energía. Por tanto, la toma habitual de
complementos a base de fosfatidil serina es muy importante.
La mejoría se ha observado de manera consistente,
después de tres semanas de su uso continuado.