En los productos alimenticios envasados hay dos clases de información: la general (común a todos y obligatoria) y la nutricional, opcional y que ofrecen sólo algunos de ellos.
Entre los datos que debemos encontrar en el etiquetado general están: Nombre del producto, calidad específica, variedad, categoría comercial y el calibre; lista de ingredientes, presentados por orden de importancia; el grado alcohólico; fecha de caducidad o fecha de consumo preferente.
Además también deben figurar otros, como condiciones especiales de conservación y de utilización, modo de empleo, identificación de la empresa, lote de fabricación al que pertenece el producto y su origen, si proceden de países no miembros de la Unión Europea.
En la etiqueta nutricional hay dos formatos; el más esquemático sólo indica, por este orden, el valor energético, la cantidad de proteínas, los hidratos de carbono y las grasas. El otro, más amplio, informa sobre los azúcares, ácidos grasos saturados, la fibra y el sodio.
No obstante, cualquiera de estas dos etiquetas puede incluir datos sobre otros componentes (colesterol, vitaminas, sales minerales...). Asimismo, pueden mencionarse las cantidades de determinadas vitaminas y sales minerales, en función de la cantidad diaria recomendada (CDR) de ese nutriente para una alimentación saludable y equilibrada.
Lo que no debe aparecer en las etiquetas
Atribuir a los alimentos cualquier propiedad preventiva, terapéutica o curativa de una enfermedad está prohibido y vulnera la normativa. También es inaceptable la afirmación de que un alimento tiene propiedades particulares cuando las poseen todos los de su misma naturaleza.