La enfermedad de Alzheimer (EA) es la causa más frecuente
de demencia entre las personas ancianas. Se trata de una
alteración neurodegenerativa. Está definida
como una dolencia degenerativa cerebral primaria, de causa
desconocida. Se caracteriza fundamentalmente por el declive
cognitivo, la dificultad en la realización de las
tareas de la vida cotidiana y los problemas en los comportamientos
habituales y en el estado psiquiátrico que sufren
los enfermos conforme avanza la patología.
Una persona con Alzheimer, experimenta cambios microscópicos
en el tejido de ciertas partes de su cerebro y una pérdida,
progresiva, pero constante, de una sustancia química,
vital para el funcionamiento cerebral, llamada acetilcolina.
Esta sustancia permite que las células nerviosas
se comuniquen entre ellas y está implicada en actividades
mentales vinculadas al aprendizaje, memoria y pensamiento.
Los análisis de sangre y orina descartan otras posibles
enfermedades que causarían demencia y, en algunos
casos, también es preciso analizar fluido de la médula
espinal. Con una batería de pruebas neuropsicológicas
y, si es preciso, pruebas de imagen, un médico especializado
tiene un 80-90 por ciento de probabilidades de diagnosticar
correctamente la enfermedad.
Compaginando
dos fármacos, la memantina y el donepezil, se consigue
mejorar el déficit cognitivo y las dificultades para
desarrollar actividades de la vida diaria en los enfermos
con Alzheimer severo o moderado. De sus posibles tratamientos,
la memantina es el primero de una nueva clase de fármacos
que han demostrado su beneficio clínico y su buena
tolerancia por parte de los pacientes.