Aunque
cuidar la alimentación es fundamental en cualquier
etapa de la vida, en el embarazo resulta fundamental para
que la salud de la madre y del niño no corran peligro
en ningún momento.
Un periodo difícil del embarazo es el tercer trimestre
ya que el útero ejerce mayor presión sobre
el estómago y la digestión se hace más
difícil; además surgen diversos problemas
digestivos como la pirosis, el estreñimiento o la
aerofagia.
Para disminuir las molestias digestivas es necesario tener
en cuenta una serie de recomendaciones como limitar el consumo
de alimentos y platos con alto contenido graso, evitar el
abuso de platos picantes o excesivamente condimentados,
ya que irritan la mucosa gástrica, así como
de los alimentos muy azucarados, pues provocan digestiones
más lentas y pesadas.
Las carnes poco grasas como el pavo o el conejo y diferentes
pescados como el besugo o el chicharro cocinados al horno
o a la plancha son muy recomendables. Para condimentar estos
u otros alimentos se pueden emplear hierbas aromáticas
digestivas o carminativas como granos de anís, alcaravea,
hinojo, tomillo, salvia, comino, cardamomo... También
es conveniente sustituir el café de después
de comer por una infusión.
Durante el embarazo conviene cambiar algunos hábitos
como masticar bien los alimentos, comer y beber despacio
o no ingerir mucho líquido durante o después
de las comidas. Respecto a las siestas, deben realizarse
a partir de los 15-20 minutos, como mínimo, después
de haber comido; por la noche lo mejor es dejar pasar unas
dos horas entre la cena y la hora de acostarse.
En caso de que estas medidas no sean suficientes hay que
acudir al médico y nunca tomar antiácidos
en caso de digestiones pesadas ya que pueden estar contraindicadas.